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12 de octubre de 2012 | By: Leonardo García.

Lautréamont II


¡Oh!, matemáticas severas,
no os he olvidado desde que vuestras sabias lecciones,
más dulces que la miel, se derramaron en mi corazón,
como una ola refrescante.

Isidore Lucien Ducasse
(1846-1870)

Diseño: Enrique Jiménez Corominas
Historietista e Ilustrador español.

Los Cantos
de Maldoror

(1869)



Canto II
(Fragmento)


« ¡Oh!, lámpara de mechero de plata, mis ojos te perciben en los aires, compañera de la bóveda de las catedrales y buscan la causa de tal suspensión. Dicen que tus fulgores iluminan, durante la noche, la turba de quienes vienen a adorar al Todopoderoso y que muestras a los arrepentidos el camino que lleva al altar. Óyeme, todo es posible, pero... ¿necesitas acaso prestar semejantes servicios a quienes no debes nada? Deja, sumidas en tinieblas, las columnas de las basílicas, y cuando un soplo de la tormenta en la que se atorbellina el demonio, llevado a través del espacio, penetre con él en el lugar santo, extendiendo el espanto, en vez de luchar valerosamente contra la pestífera ráfaga del príncipe del mal, extínguete al punto, bajo su enfebrecido soplo, para que pueda, sin que le vean, elegir a sus víctimas entre los arrodillados creyentes. Si así lo haces, puedes afirmar que te deberé toda mi felicidad. Cuando brillas, extendiendo tu claridad indecisa, pero suficiente, no oso entregarme a las sugerencias de mi carácter y permanezco, bajo el sacro pórtico, mirando por el entreabierto portal a quienes escapan de mi venganza en el seno del Señor. 

¡Oh, lámpara poética!, tú, que serías mi amiga si pudieras comprenderme, cuando mis pies huellan el basalto de las iglesias, en las horas nocturnas, ¿por qué comienzas a brillar de un modo que, lo confieso, me parece extraordinario? Tus reflejos se colorean, entonces, con los blancos matices de la luz eléctrica. Los ojos no pueden mirarte, e iluminas con una llama nueva y poderosa los menores detalles de la pocilga del Creador, como si fueras presa de santa cólera.

Y, cuando me retiro tras haber blasfemado, te vuelves de nuevo irrelevante, modesta y pálida, segura de haber llevado a cabo un acto de justicia. Dime, ¿acaso porque conoces los recovecos de mi corazón, cuando comparezco en el lugar donde velas, te apresuras a señalar mi presencia perniciosa y a llamar la atención de los adoradores hacia el lugar donde acaba de mostrarse el enemigo de los hombres, esta opinión me parece acertada, pues también yo comienzo a conocerte, y sé quién eres, vieja bruja, que tan bien velas sobre las sagradas mezquitas donde se pavonea, como cresta de gallo, tu curioso dueño. Vigilante guardiana, te has encargado de una misión insensata. Te lo advierto, la primera vez que me señales a la prudencia de mis semejantes, aumentando tus fosforescentes fulgores, como ese fenómeno de óptica, que por lo demás ningún libro de física menciona, no me gusta, te agarraré por la piel del pecho, clavando mis zarpas en las escaras de tu nuca tiñosa, y te arrojaré al Sena. No pretendo que, mientras yo no te hago nada, tú te comportes, a sabiendas, de un modo que me sea perjudicial. Allí te permitiré brillar, mientras me resulte agradable; allí te burlarás de mí con inextinguible sonrisa; allí, convencida de la incapacidad de tu criminal aceite, lo orinarás con amargura.» Tras haber hablado así, Maldoror no sale del templo y permanece con los ojos fijos en la lámpara del lugar santo... Cree ver una especie de provocación en la actitud de esa lámpara, que le irrita al más alto grado con su presencia inoportuna. 


Nota: Los textos fueron extraídos del Libro "Los cantos de Maldoror"
de Ediciones SED DE BELLEZA
(2006).



La Banda "CORVUS"




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7 de octubre de 2012 | By: Leonardo García.

Conde de Lautréamont


...Adiós, anciano, y piensa en mí
si me has leído.

Isidore Lucien Ducasse
(1846-1870)


Los Cantos
de Maldoror
(1869)

No te fíes de él cuando vuelve la espalda,
pues te mira; no te fíes de él cuando cierra los ojos,
pues sigue mirándote.


Canto II
(Fragmento)


Desde entonces, cuántos proyectos enérgicos, cuántas simpatías que creí haber grabado en las páginas de mi corazón, como en el mármol, han ido borrando lentamente, de mi razón desengañada, sus líneas configurativas, como el alba naciente borra las sombras de la noche. Desde entonces, he visto a la muerte, con la intención, visible a simple vista, de poblar las tumbas, asolar los campos de batalla, abonados con sangre humana, y hacer brotar flores matutinas sobre las fúnebres osamentas.

Desde entonces, he asistido a las revoluciones de nuestro globo; los terremotos, los volcanes con su inflamada lava, el simún del desierto y los naufragios de la tempestad han tenido mi presencia como espectador impasible. Desde entonces, he visto varias generaciones humanas elevando, por la mañana, sus alas y sus ojos al espacio, con la inexperta alegría de la crisálida que saluda su última metamorfosis, y muriendo al atardecer antes de la puesta del sol, con la cabeza inclinada, como flores marchitas agitadas por el soplo quejumbroso del viento. Pero vosotras seguís siendo siempre las mismas. Ningún cambio, ningún aire apestado roza las rocas escarpadas y los inmensos valles de vuestra identidad.

Vuestras modestas pirámides durarán más que las pirámides de Egipto, hormigueros levantados por la estupidez y la esclavitud. El fin de los siglos verá, de pie todavía sobre las ruinas de los tiempos, vuestras cifras cabalísticas, vuestras ecuaciones lacónicas y vuestras líneas esculturales tronando a la diestra vengativa del Todopoderoso, mientras las estrellas se hundirán, con desesperación, como trombas, en la eternidad de una noche horrible y universal, y la humanidad, llena de muecas, pensará en arreglar sus cuentas con el juicio final.


Poesías
(1870)

***

Los gemidos poéticos de este siglo no son más
que sofismas.


***

Acepto a Eurípides y a Sófocles; pero no acepto
a Esquilo.


***

No existen dos clases de poesía; sólo existe una.


***


No dejaré Memorias. La poesía no es la tempestad, ni
tampoco el ciclón. Es un río majestuoso y fértil.


***


Una máxima, para estar bien hecha, no necesita corrección.
Necesita que se la desarrolle.


***


Los hombres que no se baten en duelo creen que los que se
baten en duelo a muerte son valerosos.



***


El escritor, sin separar una de otra, puede indicar la ley que
rige cada una de sus poesías.


***


El fenómeno pasa. Busco las leyes.


***


Existe una lógica para la poesía. No es la misma que la
de la filosofía. Los filósofos no son tanto como los poetas. Los
poetas tienen derecho a considerarse por encima de los filósofos.


Portada de "Los Cantos de Maldoror"
edición de 1890, por León Genonceaux.


Nota: los textos fueron extraídos del libro
 "Los Cantos de Maldoror"
Ediciones SED DE BELLEZA
2006.


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