22 de diciembre de 2014 | By: Leonardo García.

Diana Arguinzones

“Pobre de aquellos que no ubicaron la cerradura,
los que ni siquiera sabían que había una llave,
ellos, jamás vieron un espejo, era lo absurdo
pues no tenían un rostro que ver”.


Diana Arguinzones


Diana Arguinzones
(Caracas, 1991)



Diana Arguinzones (Caracas, 1991) Artista Gráfica y escritora.
Estudiante de Letras de la UCV, entregada al Arte Pictórico
y a la música alternativa.


Textos Poéticos


El Bombardero Gris de la Pólvora

Lo único que me pertenece a parte de mi inaguantable torrente de cosas por pensar, decir y hacer. El Arte es mi casa, mi vida y mi ciego y frenético romance perenne. Lo pictórico, lo artesanal y lo escrito me ha sanado y ha sido lo más leal que he tenido desde que tengo uso de razón. La imaginación y las ideas siempre están aunque el mundo esté en pedazos girando en el terrible, efímero y bombardero gris de la pólvora.




¿Abandonar el arte?



Pinto.
Me duele la muñeca.
Pinto y escribo.
No aguanto el dolor de la mano izquierda.
Tecleo.
Empiezo a llorar mientras escucho,
esa canción no feliz;
sé que no es triste,
pero marca en mí,
una huella rasgada como la de mi muñeca.

Abandonar.
No es la primera vez que,
No es, no es.
¿Es la segunda quizá?
Para mí el arte es mi vida
y yo lo he querido abandonar.

Pinto. Nadie entiende.
Me duele la muñeca.
Esbozo con estilográfico una línea,
No soporto ya,
el dolor de la mano derecha.
En mi mente sigue incrustada en el muro,
allí donde la dejé hace 9 minutos.
Pinto y me duele.
Pinto y sana mi mente.
El cuerpo no importa ya.
¿Abandono el arte?
Si tiene sentido este pictórico respirar,
cuando de tregua el dolor,
el latir de mis muñecas,
seguiré pintando,
como opción de no abandonar
la vida.

Al menos un trazo más por hoy.




Somos la luz más tenue


Tengo un nuevo rostro, un nuevo demonio. La llave maestra, la que sabe abrir las puertas y la que me ha hecho escapar en cada agónica situación.

      El nuevo demonio se une a los otros con la sublime potencia de la orquesta, me toca una sensual melodía, me toca el alma y el cuerpo. Solo hay algo que puede hacerme recordar lo que estoy viviendo y eso se le puede llamar como a la luz de los tiempos antiguos: Renacimiento. Me visto con la luz de la humanidad y aún no conozco el desengaño, solo el encanto. La sombría pocilga de donde salen los poemas no se divisa ni en los sueños porque el exceso de luz ha borrado las siluetas, las letras, con la destructora iluminación que quiere desaparecer hasta el esbozo corpóreo que aún no se manifiesta.
        
       Tengo un rostro nuevo con el que juego como se me antoja... lo acaricio de la frente a las mejillas con el dorso de mi mano, temo besar su boca porque quizá el fuego de mi espíritu desfigure su sonrisa inocente. Soy un monstruo al querer poseerle con la furia de un animal mitológico. Siento furia al detenerme, al detener mi propia esencia para no raptar el rostro, su cuello, su cuerpo y todo lo que lo conecte a la humanidad. Siento que si lo hago lo privaré de probar la luz pero si no secuestro su existencia y la enredo a la mía la luz puede borrar su existir. Miento... el juego que manejo a mi antojo no existe, quiero besar y no puedo. Corro la cortina en la noche para absorber el aire lunar y el único rostro que puedo palpar es uno horroroso y desfigurado que me asusta de repente al tocar la ventana y despejar su vestidura.

        El rostro se me va, me he dado cuenta que ha sido un producto pero no sé si ha sido plenamente ilusorio. Siento que un ente dentro de mí quiere desmoronarse, no soy yo, mi cuerpo está perplejo, no sé qué es esto que siento.

        Mi demonio actual se burla de lo que he vivido y quiere manejarme a su antojo, sí, a mí. Soy tu blasfemia, esta revelación no es apta para tu millonaria religión, la sinceridad es una invaluable secta que posee los más sacrificados adeptos, exiliados y obligados a sentir el dolor de la verdad desde adentro y la recepción de aquellos a los que afecta. Todos, principalmente los afectados, hemos tenido un rostro y un demonio pero no todos han tenido la llave.

         Pobre de aquellos que ni siquiera pudieron encontrar la cerradura pues no encontraron la mitad del camino, la que los separaba de la revelación. Pobre de aquellos que no ubicaron la cerradura, los que ni siquiera sabían que había una llave, ellos, jamás vieron un espejo, era lo absurdo pues no tenían un rostro que ver.




Pain-t



Cierra los ojos y sigue
la lágrima que corre libremente,
detenla en tus manos y dile
 que se quede,
que con polvos de acuarela de mezcle...

... Porque el dolor oprime,
porque el dolor es otro ser,
porque solos somos duros,
y la tinta también sabe llorar.

Abre los ojos y ríe,
no te obligues a ninguna razón,
somos frascos esperando en suspenso
el sabor, el olor y el color.



Ojos de Infierno


Así conocí nuevamente el amor: Estaba pensando en que todo valía mierda y fue cuando mi entrega a la desidia existencial se aprovechó de mí. Vi esos ojos, los que se encontraron conmigo entre la multitud, en la locura del sonido perdido que absorbía mis ideas.  Seas quien seas, ojos de infierno. Gracias.
21 de diciembre de 2014 | By: Leonardo García.

María Virginia

“…la noche
en mis ojos 
hundidos 
en los ojos del búho”.


Vicente Gerbasi


María Virginia
( Barquisimeto, 1989 )

Artista



Diseños

Búho


El búho acurrucado
en su plumaje esponjoso
mira con ojos
de planeta
la noche
en mis ojos
hundidos en los ojos del búho.

/ Vicente Gerbasi /





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Diseñado por:
 MAría Virginia







12 de diciembre de 2014 | By: Leonardo García.

Alessandra Coronel X

“Nadie buscó un nombre para mi extraña incertidumbre
Nadie encendió una vela fría para mi ausencia inesperada
yo el niño, el hombre, el muerto
si mis nietos preguntan por mí
díganles que me he ido”



Alessandra Coronel

(Carora, 1992)


Textos Poéticos


*****


Hay voces que golpean las aldabas del regreso
para mirarme triste
con la ferocidad pacífica de un ojo frío
calculo madrugadas en imágenes
estáticas frente a mi puerta
un origen sobrevive a la resistencia de las palabras
el horóscopo solo revienta el pasado
creando hazañas efímeras
cuerpos estériles de luces opacas
genero paisajes
y testigos creados en mutismo
mientras las voces viejas que titilan
llenan de oscuridad todos los presentes.



*****


Desvisto las heridas del camino
hay tunas y algún pájaro
al final vengo a ser como los cardones
cuando no hay promesa de sequía
cuando el barranco intimida en la intemperie
y el sueño de los chivos
es recio e imposible
reniega
el trabajo pesa sobre la piel
y el hambre se nota
en la luz del ojo cerrado
como parpadeantes esperas
en el naufragio seco, desvirtuado
polen y amarras
temblando en verde
temblando en sueños
ruido y partida
sólo quedan tunas
y flores amarillas en el camino.




*****


Después que los astros dieron su paseo desigual
La fuerza vino
el cataclismo de luces
el naufragio de versos rotos.
No se dé donde nació el último verso… no lo sé
un pañuelo
la tarde triste, cayendo a pedazos sobre las
montañas
como la nada, en los ojos vacíos
del perro muerto en la esquina.



*****


Te quería decir que a mi edad…
la infancia se sumergía en el ojo de la tarde
carreras adornadas de aguas mansas
húmedo griterío de rocas frías
y pies desnudos
mi edad…
una hoja que cae exhausta del nido ausente
trastes y juegos de memoria
Teresa y yo… tantas veces
tras el corazón de la celosía
anonimato de picardías y ventanales
quebrados por el sueño que emigra
uní mi vida en el centro de todos los
romanticismos

perpetuidad de la belleza
momentos que se multiplican y resisten
¿me casé?... No importa, fue lindo
ahora los tejados aplastan
con paciencia estirada
el mutismo de mi edad perdida
te quería decir…
te quería decir que te quiero.




Entre tunas

24 de octubre de 2014 | By: Leonardo García.

Gelindo Casasola

“Tal un paisaje vespertino.
Son los paisajes más hermosos.
Así me retiro de la comedia”.


Gelindo Casasola
(1956 - 1980)




El Honguero Apasionado



Luz en las hojas



La sombra de los mangos me hiere los ojos
mientras paseo por las blancas alamedas.
El verde crepuscular de la hierba
Bellísimo
bajo las verdes palmas.
La luz en las hojas.
El prado malgastado sueña.
Los ladrillos, los ladrillos purpúreamente rojos
donde no había flores.
El cielo era un atardecer infinito
y el viento mecía las cosas.




***


Bajaba iluminado por los techos de
naranjas

como un apasionado guerrero.
Y las mariposas tan púrpuras
tan púrpuras volándose
suaves: era amarguísimo
y el prado de los rayos del
cielo era dorado dorado
como campánula

y dormía con los sones de tales
campanas tañendo intensamente
al alba.




***



Al sol de las crisálidas tan doradas
vuelo

y el cielo son alas transparentes
y el hielo son frías aguas
cantarinas
¡Ah! tal las cascadas
tal las cascadas de plata cayendo
en las piedras

Silenciosamente desciendo por los
rombos de tantos tambores
a los campos del
viento.
20 de octubre de 2014 | By: Leonardo García.

Rafael Cadenas

“Infeliz bajo la tiranía, infeliz bajo la república,
en una suspirábamos por la libertad,
 en otra por el fin de la corrupción”.


Czesław Miłosz


Extraído del portal Web:
http://elpais.com/elpais/portada_america.html

Escrito por:
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Madrid 17 OCT 2014 - 21:23 CEST


Rafael Cadenas
(Venezuela, 1930)

ALVARO GARCÍA / El País.


Si hay un poeta vivo perseguido por uno de sus poemas, ese es Rafael Cadenas. El poema se llama “Derrota”, un hito de la literatura latinoamericana, y el poeta venezolano lo escribió con 32 años. Ahora tiene 84 y sonríe tímidamente cuando se le pregunta si está cansado de aquella letanía que parece perseguirle, que arranca “Yo que no he tenido nunca un oficio / que ante todo competidor me he sentido débil / que perdí los mejores títulos para la vida / que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)...” y que sigue retratando en primera persona a alguien que creía que su padre era eterno, que fue “humillado por profesores de literatura” y “abandonado por muchas personas porque casi no hablo” o que tiene “vergüenza por actos que no he cometido”.

Cadenas, un tímido más sigiloso que silencioso, toma el libro que el periodista ha puesto en la mesa, sobrevuela los versos como si fueran de otro y concluye: “Cansado no estoy, pero ese poema hoy no me refleja. Lo escribí en medio de una crisis personal... bueno, una depresión. Si gustó tanto fue porque coincidió con la situación política de los años 60 y la consolidación de la democracia en Venezuela con Rómulo Betancourt”.

Premio Nacional en su país en 1985 y Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en Guadalajara (México) —el antiguo Juan Rulfo— en 2009, Rafael Cadenas está en Madrid para leer hoy sus versos en el festival de poesía Poemad y para participar el martes en un coloquio sobre su obra en la Casa de América. No le importa viajar —vive en El Hatillo, en el área metropolitana de Caracas— pero le gustan poco las entrevistas. “No tiene nada que ver con los periodistas”, aclara. “Es que no me acostumbro al aparato”, dice señalando la grabadora encendida. “Mejor charlamos, usted toma nota y luego mejora lo que le yo diga”. En breve, de hecho, publicará un libro de entrevistas —“pero la mayoría las respondí por escrito”— al tiempo que ultima un nuevo libro En torno a Basho y otros asuntos. Lo publicará Pre-Textos, el sello que editó en España en 2007 las más de 700 páginas de su Obra entera (antes publicada por Fondo de Cultura Económica en México) y que hace dos años hizo lo propio con Sobre abierto, su último título hasta la fecha.

“No desdeñes nada. / La rana le dio a Basho / su mejor poema”, se lee en aquel libro. El nuevo, dice Cadenas, sigue por ese camino: reflexiones sobre el maestro japonés del haiku y, como reza el título, “otros asuntos”. ¿Cuáles? “Veremos qué sale. Sobre abierto está muy pegado a la vida cotidiana, pero hay un lado mío muy cercano al pensamiento. Como decía Antonio Machado, los grandes poetas son metafísicos fracasados y los grandes filósofos, poetas que creen en la realidad de sus poemas”.

Rafael Cadenas es autor de clásicos como Los cuadernos del destierro (1960) y Falsas maniobras (1966), el libro que incluye “Derrota”-. Les siguieron Intemperie, Memorial (ambos de 1977), Amante (1983) y Gestiones (1992). “Ya sé que ese título parece de libro de administración”, explica el poeta, “pero hablaba de otras gestiones, psíquicas”. Y añade: “Uno no sabe por qué escribe lo que escribe, yo no sé qué ha sido para mí lo que la rana fue para Basho, lo que sé es que he ido perdiendo ¿cómo llamarlo? ¿Exuberancia?. Bastante misterio hay en la vida cotidiana”. Lento y lacónico, con maneras de sabio —equilibrista de llamó a sí mismo en un poema—, Cadenas mide cada palabra y usa los hombros y las cejas para acompañar sus respuestas. Tal vez por eso —“para no ser pretencioso”— prefiere decir misterio que trascendencia, pensamiento que filosofía y dichos que aforismos.

Dichos se llama, precisamente, el libro que lleva encima como el que va a un examen más que a una entrevista. Lo abre y lee: “Cuántas utopías derrumbadas. Eso te abrió los ojos. Agradécelo”. Es más que una frase lapidaria tratándose de alguien cuya militancia comunista contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez le llevó siendo un veinteañero a exiliarse en la isla de Trinidad. “Está a 30 kilómetros de Venezuela. Se puede llegar en una lancha”, cuenta quitándole dramatismo a un hecho que dio lugar a su libro más famoso, el citado Los cuadernos del destierro. “Al principio vivía de la ayuda de la familia; luego, dando clases en un colegio”. Pasó allí cuatro años, volvió a Caracas en 1957 y meses después cayó el dictador, “que era un dictador del siglo XX, ahora no son tan directos”. En 1958 publicaba La isla, un poemario que se abría con una cita del polaco Czeslaw Milosz: “Infeliz bajo la tiranía, / infeliz bajo la república, / en una suspirábamos por la libertad, / en otra por el fin de la corrupción”. ¿Por qué suspiran hoy en Venezuela? “En Venezuela se va reduciendo a diario el margen de libertad. El Gobierno cerró las televisoras de la oposición y ahora va por los periódicos críticos, que se están quedando sin papel para imprimir. Eso es intencional. Por eso insisto en defender la democracia pese a sus fallas. Claro que necesita reformas, pero las denuncias contra la corrupción solo tienen efecto cuando hay separación de poderes”.

Cadenas subraya que nunca ha tenido miedo de decir lo que dice —“a veces me insultan, pero nunca ha habido agresión”—, pero es escéptico sobre el papel social de un poema: “La poesía es todopoderosa e insignificante. Insignificante porque su influencia en el mundo es mínima. Poderosa por su relación con el lenguaje. La política vacía de sentido las palabras —democracia, justicia, libertad—, los poetas llaman la atención sobre ese vacío. Las palabras pierden su valor si no se corresponden con la cosa que designan. No es nada nuevo. Confucio lo llamaba ‘rectificación de los nombres’ y eso es un poeta: alguien que rectifica”.
17 de octubre de 2014 | By: Leonardo García.

Paul Verlaine

“En su vena la sangre, sutil como un veneno
raro y ardiente como la lava, corre y arrolla
encogiendo su triste ideal que se derrumba
… por lógica de una influencia maligna”.


Paul Verlaine
(1844 - 1896)



Textos Poéticos


POEMAS SATURNIANOS


Los sabios de antaño, que valían tanto como los de hoy,
creyeron y este es un punto todavía mal dilucidado,
leer en el cielo tanto de dicha como los desastres
y que cada alma estaba unida a uno de los astros.
(Mucho se ha bromeado, sin pensar que a menudo
la risa es tan ridícula como engañosa
sobre esta explicación del misterio nocturno.)
Ahora bien, aquellos nacidos bajo el signo de Saturno,
fiero planeta caro a los nigrománticos
entre todos tiene, según los viejos grimorios,
buena parte de desdicha y de cólera.
La imaginación inquiete y débil,
en ellos anula el esfuerzo de la razón.
En su vena la sangre, sutil como un veneno
raro y ardiente como la lava, corre y arrolla
encogiendo su triste ideal que se derrumba.
Y así los saturnianos deben sufrir y así
morir –admitiendo que seamos mortales–,
pues su plan de vida ha sido trazado línea a línea
por lógica de una influencia maligna.




MUJER Y GATA


La sorprendí jugando con su gata,
y contemplar cáuseme maravilla
la mano blanca con la blanca pata,
de la tarde a la luz que apenas brilla.

¡Como supo esconder la mojigata,
del mitón tras la negra redecilla,
la punta de marfil que juega y mata,
con acerados tintes de cuchilla!

Melindrosa a la par por su compañera
ocultaba también la garra fiera;
y al rodar (abrazadas) por la alfombra,

un sonoro reír cruzó el ambiente
del salón... y brillaron de repente
¡cuatro puntos de fósforo en la sombra!




CANCIÓN DE OTOÑO


Los largos sollozos
de los violines
del otoño
hieren mi corazón
de una languidez
monótona.

Del todo sofocado y
pálido, cuando
la hora suena,
me acuerdo
de pasados días
y lloro;

y me voy
con el viento malo,
que me lleva
aquí, allá,
semejante a la
hoja muerta.




Los Poetas Malditos
Fragmentos / Paul Verlaine.



ARTHUR RIMBAUD



Con gozo hubimos de conocer a Arthur Rimbaud. Hoy, muchas cosas nos separan, sin que, claro está, haya nunca faltado o disminuido nuestra profunda admiración por su genio y su carácter. En aquella época, relativamente lejana, de nuestra intimidad, Arthur Rimbaud era un niño de dieciséis o diecisiete años, ya por entonces afianzado a todo el caudal poético, que sería menester que el público conociera, y del cual ensayaremos un análisis al tiempo que citemos cuanto nos sea posible.

Físicamente era alto, bien conformado, casi atlético; su rostro tenía el óvalo del de un ángel desterrado; los despeinados cabellos eran de un color castaño claro y los ojos de un azul pálido inquietante. Como era de las Ardenas, además de un lindo dejo del terruño, pronto perdido, poseía el don de la asimilación rápida, propio de sus paisanos, y esto puede explicar la pronta desecación de su numen (veine) bajo el sol insulso de París (hablemos como nuestros antepasados, cuyo lenguaje directo y pulcro, al fin y a la postre, no estaba tan mal).

Empezaremos por la primera parte de la obra de Arthur Rimbaud, producto de la más tierna adolescencia –¡sublime erupción, maravillosa pubertad!– y luego, examinaremos las diversas evoluciones de este espíritu impetuoso, hasta su literario fin.

Abramos aquí un paréntesis y, por si estas líneas caen casualmente bajo su mirada, sepa Arthur Rimbaud que nosotros no juzgamos los móviles de los hombres, y tenga por segura nuestra aprobación (y nuestra negra tristeza también) de su abandono de la poesía, supuesto que este abandono haya sido para él lógico, honesto y necesario, lo cual no dudamos.

La obra de Rimbaud, remontándose al periodo de su extrema juventud, es decir, a 1869, 70 y 71, es asaz abundante y formaría un respetable volumen. Se compone de poemas generalmente cortos, letrillas, sonetos, o composiciones de cuatro, cinco o seis versos. El poeta nunca emplea el pareado heroico (rime plate). Su verso, firmemente encajado, usa de pocos artificios; hay en él pocas cesuras literarias y no cabalga.

La selección de palabras es siempre exquisita, a veces pedante adrede. El lenguaje es preciso y permanece claro aun cuando la idea suba de color o el sentido se oscurezca. Las rimas son muy honorables.




Paul Verlaine / Vídeo

16 de octubre de 2014 | By: Leonardo García.

Charles Baudelaire / Francia

“Las naciones poseen grandes hombres
a pesar de sí mismas.
Un gran hombre vence a su nación entera”.


Charles Baudelaire
(1821 - 1867)


Textos Poéticos

*****

Perdido en este mundo atroz, arrollado por la multitud,
soy como un hombre cansado que no puede ver atrás, en la
profundidad de los años, más que desilusión y amargura, y
frente a él sólo una tormenta en la que no hay nada nuevo,
ni conocimientos ni dolor.






*****

Sólo el poeta, el sacerdote y el soldado son grandes entre
los hombres, el hombre que canta, el hombre que bendice,
el hombre que sacrifica y se sacrifica. Los demás han nacido

para ser esclavos.





*****

Aspiro a un descanso absoluto y a una noche continua. Poeta
de la demente voluptuosidad del vino y del opio, sólo tengo
sed de un licor desconocido sobre la tierra que ni siquiera la
farmacia celeste podría darme –un licor que no contenga ni
la vida, ni la muerte, ni la excitación, ni la nada–. No saber
nada, no enseñar nada, no querer nada, no sentir nada,
dormir y dormir, todavía, tal es hoy mi único deseo. Deseo
infame y repugnante, pero sincero.





*****

El Dandy debe aspirar a ser sublime sin interrupción. Debe
vivir y dormir frente a un espejo.





Charles Pierre Baudelaire


15 de octubre de 2014 | By: Leonardo García.

Georg Trakl

“Sólo a aquel que desprecie la fortuna
se le concederá el conocimiento”.


Georg Trakl
(1887 - 1914)





Textos Poéticos


NOCTURNO


El hálito del inmóvil. Un rostro animal
Entumecido de azul, su santidad.
Poderoso es el silencio de la piedra;
La máscara de un pájaro nocturno. Tres suaves
Campanas se desvanecen en una. ¡Elai! Tu rostro
Se reclina callado sobre el azul de las aguas.
Oh, quietos espejos de la verdad.
En los sueños marfilinos del solitario
Aparece el reflejo de ángeles caídos.




KARL KRAUS


Blanco, supremo sacerdote de la verdad,
Voz cristalina, morada del gélido aliento de Dios.
Mago iracundo, bajo tu capa en llamas
Resuena la azul armadura del guerrero.




HORROR


Me vi andando por habitaciones desiertas.
Las estrellas bailaban, locas, sobre el fondo azul,
Los perros ladraban fuertemente por los campos,
Y un viento salvaje gritaba entre los árboles.
Y de pronto: silencio. La tenue llama de la fiebre
Hace surgir flores venenosas de mi boca,
Y cae el rocío, pálido y chispeante, desde las ramas
Como desde una llaga, gotea y gotea cual sangre.
Por el engañoso vacío de un espejo
Surge desde el horror y la oscuridad
Un rostro, lenta e indistintamente: ¡Caín!
La cortina de terciopelo roza apaciblemente.
La luna brilla sobre el vacío a través de la ventana.
Heme aquí, a solas con mi asesino.




MI CORAZÓN AL ATARDECER


Por la tarde se escucha el grito del murciélago.
Dos caballos negros saltan por la pradera.
El rumor del arce rojo.
En el camino, aparece una taberna ante el viajero.
Delicioso es el sabor del vino joven y las nueces.
Delicioso es tambalearse, ebrio, por el bosque que
oscurece.
Por entre las negras ramas resuenan campanas dolorosas;
Gotas de rocío caen sobre el rostro.

Surge desde el horror y la oscuridad

Un rostro, lenta e indistintamente: ¡Caín!
La cortina de terciopelo roza apaciblemente.
La luna brilla sobre el vacío a través de la ventana.
Heme aquí, a solas con mi asesino.




EL NIÑO ELIS


Elis, cuando el mirlo llama en el oscuro bosque,
He aquí tu decadencia.
Tus labios beben en la frescura del rocoso manantial azul.
Cuando tu frente a sangrar comience,
Deja las antiguas leyendas
Y las oscuras interpretaciones del vuelo del ave.
Te diriges con blancos pasos rumbo a la noche,
Que cuelga llena de púrpuras racimos,
Y mueves los brazos más bellamente en el azul.
Un zarzal suena
En tus ojos de luna.
Oh, hace cuánto moriste, Elis.
Tu cuerpo es un Jacinto
Donde un monje posa sus dedos de cera.
Una negra cueva es nuestro silencio
De donde surge, a veces, un tierno animal
Y deja caer lentamente sus pesados párpados.
De tus sienes cae un rocío oscuro,
El último oro de estrellas en ruinas.
14 de octubre de 2014 | By: Leonardo García.

Alexis Berra

“Todos se abrazaban
cubriendo sus cuerpos,
para protegerse del frío
o quizás del miedo”.




Alexis Berra

(Anzoátegui - Venezuela)
 Escritor, Artista Plástico, Poeta y Ensayista.
Nacido en Puerto la Cruz, 1951.




Los Niños de la Calle


En una noche de invierno,
tendido en mi lecho
y cerrando mis ojos
para el descanso de mi cuerpo.

Vi la imagen famélica
de un niño triste,
que sigilosamente
 se sentaba en mi pecho.

Sus manos temblorosas
se extendían hacia el cielo,
como suplicándole a alguien,
que lo rescatara pronto
de aquel mundo tan perverso.

El niño estaba llorando...
Y en aquel patético momento,
todas la fibras de mi ser
se iban estremeciendo.

Él me miró a los ojos,
como buscando en mi alma
la esencia misma
de un noble sentimiento.

Me señaló las calles
donde Jugueteaba el viento,
y la lluvia cristalina
caía con brutal estruendo.

Y allí    en los rincones
de un inmenso pueblo
habían otros niños
tirados en el duro suelo.

Algunos dormían,
otros estaban despiertos,
y sostenían en sus manos
envases con un pegamento,
que olían con gran desespero.

Sus ojos se extraviaban
perdidos en el tiempo,
como buscando imágenes
de otro mundo nuevo.

Sus rostros demacrados,
con surcos de sufrimientos.
los cuerpos desnutridos,
sucios y harapientos.

Ellos se balanceaban
como árboles endebles,
árboles cansados
estremecidos por viento.
“Hijos de nadie”.
Errantes sin destino cierto.
 Parecían fantasmas
en un invernadero.

Todos se abrazaban
cubriendo sus cuerpos,
para protegerse del frío
o quizás del miedo.
Miedo a la miseria
en que estaban viviendo,
y a un futuro negro
para ellos incierto.

Sí... a un futuro incierto,
por ser niños abandonados
igual que desperdicios
sobre la podredumbre
de algún basurero.

¡No pude soportarlo!
Se agitó mi pecho,
se corto mi aliento
y desperté llorando
con gran sentimiento.

¡Salté de mi lecho!
Mis piernas temblaron,
y solté un grito largo 
que se hizo eco.
Que se hizo eco
y se perdió entre sombras,
de esa fría noche
de espantoso invierno.

¡Dios mío! , ilumínanos ahora,
para que rescatemos pronto;
a todos esos niños pobres
que deambulan en las calles.

De esas intrincadas calles
que son para ellos
como caminos de fuego.
Caminos sombríos
que los conducen directo…
a las fauces candentes
del mismísimo infierno.