21 de mayo de 2013 | By: Leonardo García.

Óscar Hahn

“No hay nada que ver o tocar excepto lava y ceniza
Monté en mi caballo y atravesé las arenas de Somalia
Ahora me encuentro en Harar la ciudad prohibida”


Óscar Hahn
(Chile, 1938)




Arte de Morir
(1977)


El Viviente


Allí estaba el viviente, dando vueltas
la rueda del molino.
Sangre, sudor y lágrimas brotaban
de los sacos de harina.
Y negros sacerdotes con canastos
llenos de pan salieron, y volvieron
con monedas de plata, y entonaron
los cánticos gloriosos.
Y el hombre tristemente los miraba
desde lo Alto de las aspas de cruz,
mientras el sol, violentamente rojo,
quemaba los trigales.




Anotaciones en el diario de Rimbaud


I. África, 1880 - 1891

He llegado hasta aquí navegando por el Mar Rojo
después de darle muerte al indeseable

Tenía 20 años y era una de las vírgenes locas

Adén es el cráter de un volcán apagado
sin una brizna de pasto sin una gota de agua

No hay nada que ver o tocar excepto lava y ceniza

Monté en mi caballo y atravesé las arenas de Somalia
Ahora me encuentro en Harar la ciudad prohibida

Le llevé rifles y municiones al rey de Soa
pero no me pagó lo convenido el muy cabrón

Me han brotado várices en la pierna
Me duelen mucho y no me dejan dormir

Mientras me afeitaba frente al espejo
vi que el indeseable estaba detrás de mí
con el pelo teñido y las cejas depiladas

Me di vuelta de golpe pero no había nadie

En el desierto los espejismos se burlan de nosotros
Yo me burlo de los espejismos

Me dicen que la pierna se ha gangrenado
que tengo mucha fiebre que debo salir de aquí

Los nativos hicieron una litera de lona
y me cargaron los 300 kilómetros
que separan las montañas de Harar y el puerto de Zeila



II. Hospital de Marsella 1891



Vuelvo a mi país después de 16 años de ausencia
Parezco un esqueleto y la gente se asusta de mí

Las mujeres cuidan a los feroces inválidos
que retornan de lugares tórridos

Hoy me amputaron la pierna derecha

La vida es un horror interminable
No sé para qué nos empeñamos en seguir viviendo

El Esposo Infernal se me apareció en un sueño
Tenía un rosario entre los dedos

Tres horas más tarde Dios fue negado
y sus 98 heridas empezaron a sangrar

He tratado de caminar con muletas
pero no he podido avanzar ni un centímetro

Yo que atravesé montañas y desiertos
ríos y mares ciudades y reinos
y a quien llamaban el suelas de viento

Los curas no quieren darme la comunión
Temen que me atragante con la carne de Cristo

Desde mi cama vi la silueta del indeseable

Venía caminando con la pierna que me cortaron
y traía un barco de papel en la mano

Tú estás muerto le dije furioso
Y él dijo: "Yo estoy vivo el muerto eres tú

Pondrás el barco de papel en ese charco de agua
y llegarás a donde nunca has llegado"


/ Óscar Hahn /

8 de mayo de 2013 | By: Leonardo García.

El Marqués de Sade

 “Nunca pintaré el crimen bajo otros colores
que los del infierno; quiero que se lo vea al desnudo,
que se le tema, que se le deteste, y no conozco otra forma
de lograrlo que mostrarlo con todo el horror que lo caracteriza"


El Marqués de Sade
(1740 - 1814)



Las 120 Jornadas
 de Sodoma

Primera Parte

- ¡Oh, joder, sí bribonzuela! -exclamó el libertino-. ¡Oh, joder sí que lo harás delante de mí, y lo que es peor, sobre mí! Y sacándose la verga, añadió: -Mira, éste es el instrumento que inundarás, tienes que mear encima.

Entonces, cogiéndome y colocándome entre dos sillas, con una pierna sobre una de ellas y lo más separadas que pudo, me dijo que me agachara. Cuando me tuvo en esta actitud, colocó un orinal debajo de mí, sentóse en un pequeño taburete a la altura del orinal, con su miembro en la mano y rozando mi coño. Una de sus manos sostenía mis caderas y con la otra se la meneaba, y como por esta postura mi boca se hallaba paralela a la suya, la besaba. 



- ¡Vamos, pequeña, mea! -me dijo-. Inunda ahora mi pito con ese bello licor cuya tibia salida tanto poder tiene sobre mis sentidos. ¡Mea corazón, mea y trata de inundar mi semen! Louis se animaba, se excitaba, era fácil ver que esta operación singular era la que mejor halagaba sus sentidos; el más dulce éxtasis vino a coronarlo en el momento en que las aguas con que había llenado mi estómago surgieron en abundancia, y llenamos, ambos a la vez, el mismo orinal, él de esperma y yo de orina.


Vamos, empecemos por ti! Lo que ves aquí -me dijo, poniéndome mi mano sobre el pubis-' se llama un coño, y he aquí lo que debes hacer para proporcionarte unos cosquilleos deliciosos. Hay que frotar ligeramente con un dedo esta pequeña elevación que sientes aquí Y que se llama el clítoris.

Y luego, haciéndome actuar:
-Es así, pequeña, mientras una de tus manos trabaja aquí, un dedo de la otra debe introducirse imperceptiblemente en esta deliciosa hendidura...

Y colocándome la mano:
-Eso es, si... ¡Y bien!, ¿no sientes nada? -continuó mientras hacía que ejecutase su lección.

-No, padre, se lo aseguro -contesté con inocencia.
- ¡Vaya! señorita, es que debes ser todavía demasiado joven, pero dentro de un par de años ya verás el placer que te causará esto.
- ¡Espere! -le dije-. Creo que siento algo.


Y frotaba tanto como podía en los lugares que me había dicho... Efectivamente, algunas leves titilaciones voluptuosas acababan de convencerme de que la receta no era una quimera, y el gran uso que hice después de este caritativo método ha acabado de convencerme más de una vez de la habilidad de mi maestro.



Toma -me dijo, haciéndome empuñar un instrumento tan monstruoso que mis dos pequeñas manos apenas podían rodearlo-, toma, hija mía, esto se llama un pito y este movimiento -continuó diciendo, al tiempo que hacía mover mi puño con rápidas sacudidas-, este movimiento se llama menear. Así, pues, en esos momentos, me estás meneando el pito. ¡Vamos, hija mía, vamos, menea con todas tus fuerzas! Cuanto más rápidos y fuertes sean tus movimientos, más apresurarás el instante de mi embriaguez. Pero fíjate en una cosa esencial -añadió, dirigiendo siempre mis sacudidas-, procura que la cabeza esté siempre descubierta. No la cubras nunca con esta piel que llamamos el prepucio; si el prepucio recubriera esta parte que llamamos el glande, todo mi placer desaparecería. ¡Vamos, pequeña -añadió mi maestro-, deja que yo haga contigo lo que tú haces conmigo.



Fin

/ MARQUÉS DE SADE /


1 de mayo de 2013 | By: Leonardo García.

Carolina Patiño

“Finalmente el río pisón los ahogó
entre gemidos y ruidosos orgasmos”


Carolina Patiño
Ecuador
(1987 - 2007)


Atrapada en las Costillas de Adán
Y Te Suicida
(2006 - 2008)


El Buen Comienzo


Adán apenas entendía que tenía qué hacer cuando Dios dijo:
“Sea una sola carne”. Él ya había tenido bastante trabajo
Poniéndole nombre a todo animal que veía, así que se recostó
en los verdes pastos y dejó a la varona remojar su barbilla en un
profundo y tierno beso de labios carnosos y saliva agridulce.
La espalda de Eva se arqueaba de tal forma que su boca
colonizaba la entrepierna de Adán. El placer de su compañero
fue tan intenso que en reciproca reacción decidió besarla a
la francesa, con grande dosis de mordidas. Finalmente el
río pisón los ahogó entre gemidos y ruidosos orgasmos.



Locura


Tu naturaleza perfecta
No pudo engañarme esta vez
estoy armada con mis manos tristes
gritarás al verme en este Manicomio
podrida en mí
sin salida, sin ti.



Muñeca de porcelana

a Carmen Váscones


Suenan infernales campanas de escuelas y yo entre Viva y
muerta me tambaleo. Mientras el reloj de arena rojo y mi
terrible aracnofobia creen que estoy rota, pues lo estoy; como
esa muñeca de porcelana a la que le arranqué los ojos.



Adiós

Tan cansada de estar aquí
con todo estos miedos sin infancia
me voy sin perdurar
sin lograr que voltees sobre mí
sin lograr que enciendas la luz
sin lograr que abras tus ojos
el dolor tan limpio no sostendrá tu mano
demasiados espejos
descuelgan tambores en mi funeral.



Nota:
Carolina Patiño, Escritora Ecuatoriana.